• Friday, 15 December 2017
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Noé, niño peregrino que murió en accidente, quería ser chofer de autobús

Su hermano con el que viajó a la Basílica de Guadalupe se encuentra hospitalizado. Sufrió traumatismo craneoencefálico y lesiones en todo el cuerpo. Aunque fue rescatado por los paramédicos, al llegar al Hospital del Niño Poblano su corazón dejó de latir.

Noé Sánchez Sánchez cursaba el segundo grado de secundaria, era un buen estudiante, soñaba con ser chofer de autobús o ingeniero en electrónica. El pasado domingo salió ilusionado junto con su hermano rumbo a la Ciudad de México a visitar por primera vez la Basílica de Guadalupe, pero un accidente vial le arrebató la vida.

Él forma parte de los 12 peregrinos que fallecieron la madrugada del 12 de diciembre en un percance automovilístico ocurrido en la autopista México-Puebla cuando regresaban de visitar el templo mayor de la Virgen de Guadalupe.

El menor de 14 años de edad sufrió traumatismo craneoencefálico y lesiones en todo el cuerpo. Aunque fue rescatado por los paramédicos, al llegar al Hospital del Niño Poblano (HNP) su corazón dejó de latir.

En la junta auxiliar de Santa María Nepopualco, perteneciente a Huejotzingo, Pablo Sánchez -padre del menor- relató los últimos momentos que pasó con su hijo. El pequeño estaba contento de ir por primera vez junto con su hermano en una peregrinación a la Basílica de Guadalupe.

Junto al pequeño ataúd de color blanco en donde yacía el cuerpo de Noé, el hombre relató su tragedia: perder a un hijo y tener a otro internado en el hospital. Se trata de Antonio Sánchez, cuyo estado de salud es delicado.

“Con esa emoción que ellos tenían salieron de la comunidad alrededor de las cinco de la mañana de domingo junto con otros grupos de vecinos. Noé era un buen hijo que le gustaba aprovechar los estudios que nosotros le podíamos dar, ya que cursaba el segundo grado en la secundaria de la comunidad”, relató el deudo.

El hermano se debate entre la vida y la muerte

La familia de Noé se ha repartido lo quehaceres luego de la tragedia. Unos permanecen en la humilde vivienda para preparar el velorio del pequeño, mientras que otros esperan en el Hospital del Niño Poblano, donde yace Toño, quien aún no se entera que su hermano falleció.

Son las 2:00 de la tarde del miércoles y el ataúd de Noé se encuentra sobre una vieja tarima en el piso, rodeado por un ramo de flores blancas y un bote amarillo con un ramillete de nubes. Hay una veintena de veladoras y dos ceras, una de ellas escamada con brillantes, de las que se acostumbra usar en las ceremonias religiosas importantes.

La madre del pequeño no quiso hablar con los reporteros, el dolor no le permite narrar su tragedia sin derrumbarse. Sus familiares mencionan que no ha asimilado el hecho y se encuentra devastada.

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