• Martes, 13 Marzo 2018
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Guillermo del Toro y otros mexicanos que nos enseñaron a ir en contra de las expectativas y cumplir nuestros sueños

El que sean mexicanos nos enorgullece, por supuesto, porque compartimos una nacionalidad. Pero su éxito es logro y mérito de cada uno de ellos.

¿Qué tienen en común Germán Madrazo, Alan Estrada, Abraham Levy y Guillermo del Toro? No sólo que son mexicanos, sino que son personas que han desarrollado esa fuerza de voluntad y disciplina necesaria para poder lograr sus sueños en contra de todas las expectativas sociales.

Estas figuras han dejado a un lado el pensamiento de escasez y falta de oportunidades que resuena en nuestro entorno cultural mexicano; un entorno en el que los medios masivos predominantes nos han ayudado a estar más enfocados en lo negativo —como la crisis, la corrupción, la violencia y el circo político al que nos exponen ya como un medio de entretenimiento. ¿Pero qué hay en la mente y el espíritu de estos personajes que a pesar de todo logran destacar y hacer de sus sueños una realidad?

Muchos podrían pensar que necesitan irse a otro país para destacar y tener una mejor oportunidad, pero a pesar de lo atractivamente utópico que esto resulte, sólo en nuestro interior podemos lograr este cambio. Como en nuestros ejemplos de la pregunta inicial, la historia de Germán Madrazo es la de un hombre de 43 años de edad originario de Tamaulipas, con residencia en McAllen, Texas, desde el 2011.

Él decidió ser competidor olímpico de esquí un año antes de las Olimpiadas de Invierno celebradas el pasado febrero en Pyeongchang, muy en contra de todas las ideas negativas que podrían descartar su idea, como la falta de recursos económicos, el estar compitiendo con gente que lleva toda la vida esquiando, la edad a la que decide aprender una nueva disciplina deportiva, el tener que dejar a su familia y muchas otras cosas que ha superado gracias a la automotivación en el día a día.

Además, nos comparte una frase que él mismo se decía: “lucha un día más, hermano”. Esta frase lo ayudó a enfrentarse a la adversidad y enfocarse en su sueño para que su voluntad no flaqueara, que su disciplina fuera fuerte y llegar a esa meta de ser competidor olímpico.

Por otro lado, aparece la historia de Alan Estrada, un joven originario de Tepatitlán de Morelos, Jalisco, que decidió que su sueño —como el de muchos— era conocer el mundo. Aunque a diferencia de muchos, el accionar, el tomar la decisión y de verdad hacer su maleta e irse a recorrer el mundo marcaron la diferencia para Alan.

El joven cuenta que su primer viaje a Asia lo hizo con sus ahorros de un año, y nunca se imaginó que su sueño iría tomando forma con el tiempo. Hoy es uno de los blogueros de viajes más reconocido; ha convertido su sueño en un medio de trabajo. Pero lo más trascendental no es eso, sino su constancia, que le ha permitido conocer el mundo.

También podemos reconocer la historia de Abraham Levy, un joven oriundo de Colima que vendía celulares de puerta en puerta con un sueño que tenía desde niño. Este sueño lo llevó a convertirse en el primer ser humano en cruzar el Atlántico en remo solitario. Abraham partió de Puerto de Palos en España en octubre de 2014, a bordo de su bote llamado “Cascarita”; y llegó a Cancún, México, en marzo de 2015, después de 105 días de viaje en solitario impulsado exclusivamente por un par de remos.

En total recorrió 8 mil 200 kilómetros. Este viaje le tomó 6 años de preparación, esfuerzo y de conseguir patrocinios para construir su bote y de provisiones. Pero como él bien lo explica, lo más importante que tuvo que hacer fue lograr romper paradigmas, enfrentarse a su yo y llegar al autoconocimiento para poder enfrentar los retos que se presentaban.

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