• Viernes, 25 Agosto 2017
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En Tamaulipas el narco tiene la última palabra. Los enfrentamientos entre los dos cárteles que se disputan el control del estado, el del Golfo y Los Zetas, aunado a irrupción de la Marina en las calles para “combatirlos”, ahogan a la población en la incertidumbre y el terror de verse atrapados entre el fuego cruzado o ser alcanzados por una bala perdida. La llegada del 2017 marcó el inicio de madrugadas cruentas, carreteras en llamas, cuerpos y vehículos incinerados y la activación del “código rojo”.

La localización geográfica de Tamaulipas, en la frontera con Estados Unidos, lo convierte en un estado estratégico para el tráfico de drogas, controlado por dos de los carteles más importantes del país. Durante el primer trimestre del año, se encontraron 200 cuerpos en 48 fosas clandestinas y de diciembre del 2012 a marzo de 2017 se registraron 1 mil 511 homicidios relacionados directamente con el crimen organizado, mientras que 5 mil 704 personas siguen desaparecidas.

Además, las extorsiones, los secuestros y las desapariciones forzadas están a la orden del día: en 10 años se registraron mil 284 secuestros y mil 487 extorsiones.

Actualmente, alrededor de diez células delictivas de los dos cárteles en conflicto se disputan el control de la región, específicamente en los municipios de Nuevo Laredo, Tampico, Ciudad Reynosa, Matamoros y Ciudad Victoria.

Sin embargo, cuando la Marina interviene —en plena calle, a plena luz del día— y logra abatir a las cabecillas de los grupos criminales organizados, se desata la furia del resto de los integrantes, que exigen justicia y arremeten contra las fuerzas armadas y ciudadanos por igual, provocando un escenario similar a los combates en Siria. Tamaulipas es el Alepo mexicano.

De acuerdo con la Procuraduría General de la República, el estado fronterizo ya es la entidad donde más miembros del Ejército han muerto, pues de finales de diciembre del 2016 hasta el primero de enero de este año, perdieron la vida 118 soldados de los 492 que han fallecido en total desde que el expresidente Felipe Calderón inició su repudiada guerra contra el narco.

Cuando los líderes mueren, de inmediato se inicia una movilización violenta para determinar a la nueva cabecilla que habrá de encargarse de los negocios a partir de ese momento, dejando a su paso bloqueos en las principales avenidas y carreteras, el incendio de automóviles al costado de las calles, fuegos provocados y robo de combustibles. Una lluvia de balas.

El último ejemplo de estos enfrentamientos al estilo sirio sucedió durante la noche del martes, cuando se registraron al menos seis enfrentamientos entre la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y presuntos sicarios del Cártel del Golfo, que actualmente son liderados por Luis Alberto Blanco.

Un video que circula en redes sociales exhibe el fuego cruzado, una balacera en el municipio de Rio Bravo que se prolonga por varios minutos y que provocó la muerte de 18 delincuentes, siete detenidos y el decomiso de un gran arsenal de armas. Mientras tanto, los espectadores se preguntan ¿Acaso es ISIS contra el régimen de Assad?

El Jefe Operativo del Estado Mayor del Ejército, Édgar Luis Villegas, sentenció que los 'narcobloqueos' registrados poco después del enfrentamiento son la reacción “desesperada” de las bandas criminales ante el «avance logrado por las autoridades federales en coordinación con las fuerzas de seguridad estatales y municipales».

De acuerdo con el diario Milenio, para finales e la década de los 90, el entonces líder del cártel del Golfo, Osiel Cárdenas, creó una estructura que “impactó al país”, porque a través de su brazo armado, Los Zetas, «cambió el panorama del crimen organizado».

Desde entonces, los criminales comenzaron a añadir negocios a su lista de ingresos y control. Ya no sólo se limitaban al tráfico de estupefacientes, sino que también empezaron a secuestrar empresarios, a robar hidrocarburos y a cobrar derecho de piso, además de los asesinatos crueles de migrantes que intentan llegar al otro lado.

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